Carta a una madre opositora

Tal vez conozcas mi historia y tal vez no, tal vez hayas llegado a aquí buscando un poco de motivación, tal vez esto te lo haya pasado una madre en la misma situación o un amigo que al leerlo ha pensado en ti… Sea como sea, nos hemos encontrado y eso es lo importante. Te recomiendo que, antes de continuar te pongas la canción Nuvole Bianche de Ludovico Einaudi y la tengas de fondo mientras lees las siguientes palabras. Yo la tenía de fondo mientras las escribía.

Ser madre y estudiar una oposición no es fácil, lo sé, yo también he pasado por ahí. Tal vez ahora mismo, mientras lees estas frases, estés pensando en ese tema que te acabas de estudiar o ese que tienes por empezar. Tal vez aún no te has empezado tu jornada de estudio. Tranquila, no te voy a quitar tanto tiempo, solo te voy a pedir una cosa: lee la siguiente carta.

Querida madre opositora

Crees que nadie te entiende, algunos piensan que estás loca, otros te dicen que es imposible. Apaga esas voces, solo es imposible aquello que no intentas y tú lo estás intentando. Siento decirte que el camino del opositor solo lo entiende el que ha opositado y que el camino de una madre opositora solo lo entiende una madre que ha pasado por lo mismo.

No es lo mismo opositar con hijos.

Te lo digo ya, te admiro. Te admiro por tu valentía. Te admiro por tomar la decisión de prepararte una oposición. Te admiro por luchar por tus sueños. Te admiro por hacer malabares entre el estudio y la vida familiar, por reorganizar tu tiempo, por buscar huecos entre mimos, abrazos y risas con tus hijos. Te admiro por sacrificar fines de semana y festivos. Te admiro porque para recorrer el camino de la oposición estás renunciando a muchos otros.

No te rindas

Es normal que tengas miedo. Que las dudas galopen por tu cabeza y que una y otra vez te preguntes ¿Realmente vale la pena sacrificar este tiempo con mis hijos por una oposición? Pero entonces visualizas tu plaza, te ves trabajando de lo que te gusta, hablando con tus hijos del trabajo de tus sueños y se disipan las dudas. No olvides que en el fondo esto lo haces por ellos, por tu familia, por tener un futuro mejor.

Eres su modelo a seguir, si ellos ven que luchas por tus objetivos, por tus sueños, ellos aprenderán a hacer lo mismo.

No es fácil

Permítete reír, llorar, ilusionarte, amar, jugar, vivir cada segundo con intensidad.  Eres muy afortunada por haber llegado hasta aquí, por planear tu futuro, por ponerte metas y por luchar por aquello que quieres.

Piensa en todo el camino que ya tienes hecho, piensa en ese motivo que te impulsó a opositar. Cometerás errores en el camino, pero lo que marca la diferencia es aprender de ellos. La experiencia hace el maestro.

Puedes resbalarte, caer, tener momentos malos, tener ganas de lanzar todos los temas por la ventana, de abandonar, pero no lo hagas, no decaigas. Eres fuerte. Acuérdate de esa frase que decía Manolo García “nunca el tiempo es perdido”. Esos segundos, esos minutos que tú estás rascando de las 24 horas que dura un día para estudiar no son en vano.

No te agobies, respira, descansa, tómate tu tiempo. Opositar es una carrera de fondo. Nada es eterno, nada dura para siempre. Esto tampoco. Márcate metas pequeñas, objetivos pequeños y fáciles de alcanzar, esto te ayudará a mantenerte motivada y ver que avanzas.

Te vas a sentir muy sola, pero no lo estás, hay gente que en silencio te apoya, que te acompaña, que cree en ti. Y si lo sigues sintiendo piensa en mí, yo te estaré apoyando porque he pasado por ahí.

Confía en ti

La confianza en ti será la que te ayude a subir la cima, la que te acercará a la meta y si un día la consigues verás que todo el camino recorrido ha valido la pena. Que todo ese sacrificio ha dado su recompensa.

Y si no sale como esperas no decaigas, ten paciencia, a veces las cosas buenas solo tardan un poco más. Tu momento llegará, si sigues luchando llegará. No pienses que has perdido porque no es así. Serías una perdedora si tuvieras que vivir con el remordimiento de no haberlo intentado, pero no es tu caso. Tú has luchado, tú has sacrificado, tú vas a seguir luchando. No olvides creer en ti.

Son meses de esfuerzo, de lloros, de quedarte en casa, de horas pegada a unos folios, de noches sin dormir, pero ¿sabes qué? todo acaba y ese dolor y cansancio que ahora sientes se olvida.

No decaigas porque la única partida que no se gana es la que no se juega.

¡No te rindas!

Es tu momento.

Y por último GRACIAS, gracias por hacerme en hueco en tu planning, gracias por dedicarme unos minutos. Sé lo mucho que significa porque ahora tu tiempo es oro.

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