El adiós a la lactancia
El fin de la lactancia materna

El adiós a la lactancia

Parece que hace sólo unos días os empezaba a contar mis primeros meses con la lactancia materna. Aquellos días llenos de ilusión y miedos, han quedado atrás.

La Lactancia materna ha llegado a su fin y en las próximas líneas me gustaría explicaros todo lo que he sentido y dejar algunas de las cosas que considero importantes, por si os sirve.

La madre tras la lactancia

13 meses y unos días hemos tenido de lactancia con y 16 meses con L. Como muchas ya sabéis, por lo que habéis leído en el blog y por las fotos y comentarios de las redes sociales, siempre he sido partidaria de la lactancia. Fue algo que tuve claro desde un primer momento y, la verdad, es que ahora puedo decir que ha sido una lactancia exitosa.

Mi cuerpo y mis pechos

Todas sabéis que el cuerpo de la mujer cambia tras la lactancia. Con respecto a mis pechos, también lo notaron y pese a tener ya la rutina de producir sólo leche para una vez al día (aún me sorprende lo sabia que es la naturaleza), tuve unos días los pechos hinchados y me dolían.

En un grupo de lactancia me dijeron que me sacara leche para aliviar la molestia, pero hacía meses que no usaba el extractor y tampoco me apetecía hacerlo, pero como ya he dicho antes, la naturaleza es sabia y esa leche que me molestaba se reabsorbió y la molestia y el hinchazón desaparecieron.

Unos días después, mis pechos volvieron a la normalidad. Ya no me dolían. Pero es verdad que después de lactar a un bebé, no son lo mismo. Pierden turgencia e incluso masa, se quedan más blandos y pierden la forma.

El pecho tras la segunda lactancia

Aunque tras la primera lactancia, se quedaron bien, al finalizar la segunda todo fue peor. Mis pechos estaban acostumbrados a que por la noche los vaciaran, así que seguían produciendo la leche que, hasta ese momento, le habían demandado. Las primeras 24 horas  fueron pasables, como ella había vaciado no estaba mal. A partir de las 48 horas la cosa se complicó.

El pecho izquierdo se llenó, se me empezaron a formar zonas duras y dolorosas. Quería evitar a toda costa una mastitis. Hablé con las asesoras que os he citado y todas me dijeron que masajeara el pecho en la ducha y que si me molestara sacara un poco de leche manualmente. 

Me daba miedo sacar leche, estimular el pecho y que la cosa fuera a más, pero me lo tomé con calma. Cada día sacaba un poco, hasta que notaba alivio e intentaba aguantar hasta el día siguiente. La primera semana no lo conseguí, sacaba al menos dos veces al día, muy poca cantidad, pero sacaba).

Esos días estuve tomando antinflamatorio para evitar posibles complicaciones y usaba el sujetador más viejo, desbocado y “antisexy” del mundo. Esto segundo lo hacía porque era un sujetador sin aros que simplemente me sujetaba un poco y era una forma de no ir sin sujetador  (admiro a las mujeres que pueden ir sin suje y estar cómoda)

Fueron unos días molestos, el dolor me provocaba hasta malhumor. No podía ni coger en brazos a las niñas y evitaba cualquier roce en los pechos, pero por muy complicado que fue el asunto, al décimo día vi la luz. Fueron 10 días de molestias, pero todo pasó.

¿Puedo recuperar mis pechos?

Jamás me había planteado esa posibilidad y pensaba que eran exageradas aquellas mujeres que hablaban de recuperar el busto pasando por el quirófano. En mis adrentros, pensaba que se recuperarían solos, pero era un poco ingenua. No se recuperan y es muy difícil hacer algo de forma natural.

En mi perfil de Instagram habréis visto que tiempo que me estoy informando sobre la intervención, para recuperar el pecho. Es algo que me estoy planteando, aunque de momento voy a esperar. Sabéis que hay cientos de opciones. En todas las ciudades hay buenos centros de estética, como por ejemplo este de aumento de senos en Alicante. Mi recomendación, siempre, es que busquéis referencias, visitad los sitios y no tengáis miedo a preguntar.

Mis sentimientos

Todos los comienzos son un poco complicados, pero en nuestro caso fue muy bien. Tuve la subida de leche a los dos días del parto, el agarre fue correcto, estuve 6 meses con Lactancia Materna Exclusiva y no tuve grietas.

Fueron dos períodos muy bonito, mis pequeñas me necesitaban, les gustaba estar en mi pecho y sentirme cerca y ¿a qué mamá no le gusta esa sensación?

Libre pero con nostalgia

Pero es oro todo lo que reluce y la lactancia es muy sacrificada. Ha habido ocasiones en las que me sentía muy atada y condicionada porque no podía ausentarme mucho tiempo por las tomas o tenía que sacarme leche si no iba a estar.

Ahora puedo decir que, a pesar de todo esto, no me arrepiento de la decisión que tomé en su momento y me siento orgullosa de haber dado pecho a mis dos hijas.

¿Cómo me siento ahora? La verdad es que muy bien. Sabía que este momento llegaría. Tanto E como L me lo habían comunicado meses de que ocurriese, ya que cada vez hacían menos tomas. La idea estaba aceptada, hasta que llegó el día.

A veces veo a otras madres dar de mamar a sus bebés y lo echo en falta, pero a la vez me siento liberada, es algo difícil de explicar porque combina dos sentimientos contradictorios.

Historia de un destete

E y L tuvieron lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses. Con E, al inicio de la Alimentación Complementaria tuvimos algunos problemillas, pero pasado el primer mes la adaptación fue viento en popa.

E empezó a comer más y más variado y empezó a dejar algunas tomas. Con L la evolución fue más rápida, seguramente porque desde el primer momento fuimos compatibilizando la lactancia materna con tomas de biberón de leche materna.

Este fue el inicio del fin de la lactancia materna. Por supuesto, siempre que se acercaban para demandar, les daba sin reparo. Algunas veces, se terminaban la papilla y al momento pedían su teta. Me parecía algo normal y no se lo negaba.

Poco a poco las tomas fueron disminuyendo, ya no necesitaban tomar para dormir la siesta, a media mañana ya no pedían y se olvidaron de las tomas de media tarde. Al no pedir esta última empezamos, a darle cena.

De hecho, llegó un momento en el que si intentaba darle pecho a E durante el día, lo rechazaba. Su destete fue progresivo y por decisión propia.

El destete voluntario de E

Las últimas veces sólo pedía alguna vez antes de dormirse. Muy de vez en cuando también durante la noche, se despertaba para mamar un par ocasiones. Así estuvo unos 3 meses, hata que también empezó a rechazarla.

Aunque seguía despertándose por la noche, cuando le acercaba el pecho lo apartaba y se tiraba hacia atrás llorando. Así que el último mes (de noviembre a diciembre) y después de su cumpleaños, empezó a querer teta sólo antes de dormir.

Hasta que el 29 de diciembre ya sólo tomo leche de un pecho y al día siguiente del otro y, a partir del 30 de diciembre, E no ha vuelto a mamar y ha rechazado el pecho siempre que se lo he ofrecido (y han sido muchas veces).

El día 31 de diciembre E durmió en casa de sus abuelos, así que no tuvo su teta porque yo no estaba y no la echó en falta porque el día 1 la rechazó y repitió la misma acción los días siguientes. Así que E tuvo 13 meses de lactancia materna y un destete voluntario.

El problema es que E la leche de vaca, al principio no le gustaba, así que tras el destete tuvimos que intentar suplir los vasos de leche con yogures y queso, para que tuviese la dosis correspondiente de calcio (así nos lo dijo la pediatra). Seguimos intentando darle leche y, a día de hoy, desayuna todo los días su vaso de leche.

Os tengo que confesar que desde el momento que decidí dar de mamar supe que algún día escribiría este post y más después de haber contado muchas historias sobre mi experiencia con la lactancia.

El destete de L

El destete de L comenzó en cuanto empezó a rechazar tomas o prefería otro alimento a mi leche. Pero seguíamos con nuestro vínculo y nuestro momento de tomas nocturnas hasta que llegó el boca-mano-pie.

El virus boca, manos, pies aceleró el destete. A grandes rasgos destaco que la niña tenía la boca llena de llagas, sobre todo debajo de la lengua, lo que imposibilitaba que se cogiera bien al pecho, ya que cuando succionaba le rozaba con las llagas y le escocía.

Una noche le estaba dando el pecho y a mitad toma empezó a llorar, le ofrecí el otro pecho, la tranquilicé y le volví a ofrecer el pecho, pero lo rechazaba. Esa noche se despertó varias veces, pero en ninguna de las ocasiones quiso el pecho. A la mañana siguiente y a lo largo del día posterior, lo seguí intentando y la respuesta era la misma.

¿Era el fin?

¿Realmente iba a terminar todo ahí? 48 horas después del primer rechazo me puse en contacto con varias asesoras de lactancia (os pongo sus IG @welcomekids y @lactapp_lactancia) por ver las causas y las opciones que tenía, las cuales os cuento:

  • Destetar. Una opción era aprovechar ese rechazo y destetar.
  • Insistir. Otra opción era aguantar unos días y volver a intentarlo pasados unos días o cuando la niña ya no tuviera llagas en la boca.

Opté por la primera opción.

Ella fue la primera que dio el paso para destetarse y yo lo confirmé. Solo hubo una noche (la tercera tras el primer rechazo) que pareció que quería teta, pero se puso a jugar y se le pasó.

Aprovechamos y las primeras noches se encargó de dormirla papá. Él la cogía en brazos y la paseaba, la calmaba si lloraba y una vez estaba dormida la ponía en la cuna.

El destete fue mejor de lo que me pensaba. Ya se me había pasado por la mente este momento, pero me hice la idea de que iba a ser muy traumático y complicado y como veis no lo fue, al menos para ella.

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